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martes, 16 de enero de 2007

¡Qué mala suerte!

No sé muy bien cómo ocurrió, pero ocurrió. Estoy en una tienda de pesca, el vendedor me ve mirando las cañas de mosca y aquella, hasta entonces para mí, extraña parafernalia. Amablemente se acerca y me pregunta.- ¿pescas a mosca?.- Pues no, de momento, pero tiene que ser la leche. Pues mira, dice él, tenemos una oferta de caña, carrete y cola de rata por un buen precio. La caña está bastante bien y el carrete no es muy bueno, pero para empezar vas sobrado. Tras varias preguntas sobre cómo montar aquello me decido a llevármelo. El vendedor me dice: Mira chaval, te pueden pasar dos cosas, o que te canses de sacar las moscas de los áboles y mandes todo a paseo, o que te guste… Lo peor de todo es esto último y no el tirar el dinero que acabas de invertir. No le hice mucho caso y me llevé mis bártulos.

Un día, guardé la caña de cebo en el coche y me dispues a probar con aquel artilugio. Tuve “mala suerte”. Me subió una trucha. A partir de ahí todo se sucedió muy rápido, ya os podéis imaginar. Practicar el lance, montar moscas, construir cañas… de pronto me vi. En concursos de montaje de moscas, campeonatos de pesca a mosca, estudiando el lance, estudiando el montaje de cañas, comprando bambú, haciendo mis propias colas de rata…

Por eso ahora, cuando miro para toda la parafernalia que tengo en “La Oficina” a veces pienso “Qué locura, qué mala suerte he tenido…”

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