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martes, 16 de enero de 2007

La primera suelta

Estando un día en “mí río” con Nino, mi maestro de pesca a mosca, ocurrió. Estábamos pescando juntos y yo clavé una hermosa trucha. Nos miramos. La vi. Tan hermosa y llena de vida que me sentí mal. Nos volvimos a mirar. Si no laquieres besar… suéltala, jajaja.- dijo Nino. La solté. Algo hizo clic en mi cabeza. Seguimos pescando y seguimos soltando las truchas. Aquel día debí de clavar siete u ocho truchas que nunca fueron a parar a la cesta. Así llegué a casa con la cesta vacía, pero con el corazón lleno.

Hoy sigo soltando truchas, a menos que me apetezca llevarme alguna de ellas para comer, siempre dentro de la ley y por supuesto con cocherencia. De poco sirve llevarse una docena de truchas si al final van a parar al contenedor de la basura. No creo que a estas alturas nadie necesite justificar sus salidas de pesca con un cesto repleto de truchas.



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